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En los últimos años, los traumatismos
de la rodilla han aumentado considerablemente en número y gravedad.
Las razones, aparte de la generalización del deporte aficionado,
incluyen los crecientes esfuerzos exigidos por el deporte de competencia.
Pero aún sin actividad deportiva, suelen presentarse molestias en
la rodilla, particularmente como consecuencia del desgaste. Mientras
hace algunos años se requerían operaciones dispendiosas para el
tratamiento, la implantación de técnicas operativas mínimamente
invasivas ha conducido a menores molestias para el paciente y mejores
resultados de tratamiento.
La rodilla une los dos mayores huesos del cuerpo humano. En cuanto
a su función, es la articulación más compleja
del cuerpo. Dado que carece de una guía primordialmente ósea,
el funcionamiento irrestricto sólo se logra mediante la complementación
mutua de estabilizadores activos y pasivos, tales como músculos,
ligamentos, meniscos y cápsula articular. Para una adecuada
estabilidad, aparte de los músculos del muslo y de la pierna,
se requiere principalmente del concurso del ligamento cruzado anterior
y posterior. Éste se encuentra en la parte central de la
articulación (ver gráfica). El ligamento cruzado anterior
estabiliza la pierna contra desplazamientos hacia adelante, el ligamento
cruzado posterior evita deslizamientos hacia atrás. Los estabilizadores
laterales son los ligamentos interior y exterior. Los meniscos interior
y exterior hacen las veces de “cavidades portátiles”,
complementando de esta manera los perfiles de acople desiguales
de fémur, tibia y peroné. Facilitan un deslizamiento
perfecto y casi sin fricción de las superficies cartilaginosas.
Al mismo tiempo los meniscos, debido a su función amortiguadora,
protegen el cartílago y responden, conjuntamente con los
ligamentos, por la estabilidad de la articulación. Esfuerzos
importantes, tales como suelen presentarse en casos de accidente,
pueden causar traumatismos en el aparato compuesto por cápsula
y ligamentos, en los meniscos interior y exterior y en el cartílago.
Generalmente se impone una intervención quirúrgica.
Los resultados del tratamiento han mejorado considerablemente, debido
a la implantación de técnicas operativas mínimamente
invasivas. A través de incisiones mínimas en la piel
se puede operar de manera poco lesiva la articulación de
rodilla, así como las del hombro, el codo, la muñeca
y el tarso. Los dolores post-operatorios son mínimos, y el
tiempo de rehabilitación es notablemente más corto
que en el caso de las tradicionales intervenciones “abiertas”.
La artroscopía como “técnica operativa mínimamente
invasiva” hoy en día forma parte de las intervenciones
estandarizadas en la cirugía articular. Con la ayuda de un
pequeño dispositivo óptico (artroscopio) se puede
inspeccionar minuciosamente el interior de la articulación.
Mediante una cámara miniatura, las imágenes de la
articulación son transferidas a una pantalla. Esta técnica
permite la evaluación precisa de daños causados a
la articulación. Con instrumentos de precisión, tales
como troqueles o tijeras en miniatura y bisturís motorizados,
se puede simultáneamente tratar la lesión. Intervenciones
articulares artroscópicas son técnicamente dispendiosas
y requieren de mucha experiencia. Los cirujanos de la Clínica
Práctica 2000 en los últimos 10 años han realizado
más de 25,000 intervenciones artroscópicas. Nuestros
quirófanos están equipados siguiendo la tecnología
más reciente. La Clínica Práctica ha sido certificada
por un acreditado Instituto de Higiene.
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(1) Ligamento cruzado anterior/posterior,
ligamentos interior y exterior, rótula (levantada),
rodilla izquierda
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(2) Meniscos interior y exterior (vista
superior sobre la cabeza de la tibia)
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