
Mirándolo bien, al hablar de la articulación de
rodilla estamos hablando de dos articulaciones. Se trata de la
articulación entre muslo y pierna y de la articulación
entre rótula y muslo. En principio, ambas pueden sufrir
traumatismos. La rótula es determinante para la transmisión
de movimiento entre el muslo y la pierna, ya que centra la fuerza
muscular actuante y soporta carga en cada estiramiento de rodilla
o movimiento de freno. Una función óptima sólo
es posible si los ligamentos interiores y exteriores (retináculos)
centran la rótula sobre su guía de deslizamiento.
Si hay trastornos de esta función, ocurre una sobrecarga
de la articulación de rótula, asociada a los correspondientes
dolores. Los pacientes se quejan de molestias en posición
sentada, al subir o bajar escaleras, o al escalar o descender
sobre una pendiente. A estos pacientes se les puede ayudar mediante
un entrenamiento muscular adecuado (ejercicios de cuadriceps).

Dado que la guía de deslizamiento de la rótula es
relativamente plana, el aparato de ligamentos juega un papel importante
en su estabilización. Cuando estos ligamentos se rompen
a causa de un accidente o por debilidad congénita de ligamentos,
suelen presentarse las llamadas luxaciones de rótula. Se
distinguen las luxaciones de rótula “habituales”
y las luxaciones de rótula realmente traumáticas.
Existe una luxación de rótula traumática
cuando ha habido realmente un trauma lo suficientemente fuerte
como para dislocar la rótula de su emplazamiento. Sin embargo,
es mucho más frecuente que la rótula se salga de
su guía de deslizamiento sin haber sufrido un trauma adecuado.
Esta inestabilidad se trata según las circunstancias (formulación).
El tratamiento inicial consiste en el reposicionamiento de la
rótula, la evaluación diagnóstica de posibles
daños colaterales (fracturas de cartílago), el tratamiento
de los hematomas mediante enfriamiento o punción, el suministro
de agentes anti-inflamatorios y analgésicos, así
como profilaxis trombósica con heparina.
Es posible un tratamiento funcional precoz de ejercicio, con carga
parcial de acuerdo con la función muscular, incluyendo
terapia gimnástica. Después de haber cedido la inflamación,
se puede emplear el llamado “taping” a fin de centrar
mejor la rótula. Si no ha habido daños agravantes
de cartílago, el pronóstico por regla general es
favorable. Sin embargo, en los casos de roturas severas en el
aparato suspensorio de la rótula, el desarrollo posterior
puede implicar una inestabilidad crónica que requiera una
intervención quirúrgica (ver “luxación
habitual de rótula”). En casos de roturas severas
e inestabilidad primaria de la rótula, se debe considerar
la reconstrucción quirúrgica del aparato suspensorio
asociado. Lo anterior se puede lograr a través de una incisión
abierta en el tejido conjuntivo de la cápsula articular.
Sin embargo, en la mayoría de los casos la cápsula
articular separada se puede readaptar a la rótula por medios
artroscópicos, con incisiones mínimas (incisiones
puntuales). El pronóstico en estos casos también
es favorable.

Este término se refiere a la dislocación repetida
o habitual de la rótula de su guía de deslizamiento,
en cuyo caso los pacientes sólo requieren de tratamiento
médico en el período inicial. Por regla general,
después aprenden a reposicionar la rótula ellos
mismos. Esta dislocación permanente parcial o total de
la rótula de su guía suele ser muy limitante y dolorosa,
además de que esta inestabilidad a largo plazo suele causar
un desgaste considerable (artrosis) de la articulación
de rótula. El origen de esta inestabilidad varía
según el caso. Por regla general, suelen confluir varios
factores simultáneos, tales como posicionamiento alto de
la rótula o achatamiento de la guía de deslizamiento
en el fémur. Aquí generalmente encontramos una ranura
cóncava, la cual se centra muy bien en la rótula
y la guía de manera perfecta. En casos de achatamiento
severo o hasta convexidad en el inicio de esta ranura, la rótula
tiende a centrarse tardíamente o sencillamente a no encajar
dentro de la guía. Además, la posición válgica
(eje marcadamente de piernas en “X” de la articulación
de rodilla) y ciertas variantes de rotación en las articulaciones
de cadera y superior e inferior de la rodilla suelen constituir
factores detrimentales. La delimitación diagnóstica
se logra mediante un reconocimiento clínico minucioso y
un examen radiológico con diferentes proyecciones especiales
de la rótula. Se impone el ejercicio de gimnasia terapéutica
intensiva, ocasionalmente acompañada de “taping”,
o el uso de una cubierta de rodilla elástica con plantilla
lateral. Ya que lo anterior frecuentemente no conduce al éxito,
en muchos casos se debe operar, a fin de corregir de esta manera
los factores desfavorables. Una rótula en posición
demasiado alta se corrige desplazando el punto de apófisis
del tendón hacia abajo hasta su posición normal
(distalización de la tuberositas tibiae). La astilla de
hueso desplazada se fija mediante el uso de tornillos, a manera
de permitir una terapia de ejercicio gimnástico funcional
y carga parcial inmediata. Además, el músculo interior
del muslo (vastus medialis) se desplaza distalmente (hacia abajo),
de manera que su tensión actúe más directamente
sobre la parte interior de la rodilla. En casos de achatamiento
severo o prolongación en forma de lengüeta de la guía
de deslizamiento hacia arriba (proximal), ésta se ahondona
operativamente hasta obtener una forma aproximadamente anatómica.
En casos de inestabilidades severas o desviaciones considerables
de eje y errores de giro, se pueden requerir correcciones de eje
(osteotomías de reposicionamiento) u osteotomías
de rotación. Sin embargo, este caso no es frecuente.
En la mayoría de los casos operados el pronóstico
es favorable. La tasa recidiva suele ser baja. El tratamiento
quirúrgico requiere un internamiento de pocos días.
La terapia posterior funcional se puede iniciar muy pronto sin
inmovilización y puede llevar unas 4 semanas, aplicando
carga parcial. Para la terapia con gimnasia terapéutica
se deben presupuestar unos 3 a 4 meses.
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